El pelo – una exclusividad de los mamíferos

(ver el original en inglés)

El pelo (y la capa de pelos, llamada pelaje) es una característica exclusiva de los  mamíferos.  Ninguna otra criatura posee verdaderos pelos, y todos los mamíferos presentan al menos algunos pelos en alguna etapa de sus vidas.
Los pelos crecen desde el interior de fosetas de la piel llamadas folículos. La base del pelo, que está enterrada en la piel, se llama raíz, y la parte que emerge al exterior es el tallo. Con frecuencia los folículos se hallan cerca de una glándula cutánea llamada glándula sebácea. Estas glándulas segregan una sustancia aceitosa, que lubrica el pelo y lo mantiene acondicionado. Junto al folículo puede haber un pequeño músculo erector del pelo (arrector pili) involuntario. Normalmente los pelos se ubican casi paralelos a la piel o formando ángulo agudo con respecto a ella. La contracción de los músculos erectores hace que el pelo se erize (adopte posición más perpendicular con respecto a la piel) y, al mismo tiempo, tira de la piel hacia abajo y causa las colinas y valles conocidas como “carne de gallina”.

El tallo de un pelo está  formado principalmente por una proteína llamada queratina y consiste de tres partes diferentes y fácilmente reconocibles. La capa externa está formada por células muertas y transparentes llamadas escamas cuticulares. Estas células se disponen de acuerdo con patrones distintivos y con frecuencia se hallan imbricadas sí. Por debajo de las escamas cuticulares se halla la corteza, una capa generalmente gruesa que no presenta rasgos particulares, excepto que puede estar pigmentada. En la parte central de la mayoría de los pelos se halla la médula, formada por células cuboidales grandes, con frecuencia dotadas de coloración distintiva e intercaladas con celdas de aire. Frecuentemente la disposición de las escamas, el grosor y coloración de la corteza, y la distribución y coloración de las células medulares son características diagnósticas a nivel de especie. Con ayuda de un microscopio, el investigador puede examinar fácilmente la corteza y la médula de los pelos individuales. Las escamas cuticulares son más difíciles de visualizar; para verlas, generalmente se embebe al pelo en una sustancia del tipo del acetato de etilo, luego se retira el pelo y se examina la impresión que deja en el acetato. Pueden hallarse excelentes instrucciones para el examen de los pelos en Teerink (1991). Se han publicado muchas claves para la identificación de pelos (por ej., Miles, 1965; Mayer, 1952; Teerink, 1991).
Los pelos también difieren en la forma que presentan en sección transversal. Los pelos con sección transversal redonda tienden a ser rectos; los pelos ovales o aplanados son ondulados o rizados.
El color del pelo se debe a un grupo de proteínas llamadas melaninas. La eumelanina es muy oscura, la feomelanina es más clara. La mayor parte de los pelos individuales contienen al menos unas pocas bandas alternadas de eumelanina y feomelanina (los pelos humanos son excepciones): este patrón se denomina agutí. El pelo blanco es el resultado de la falta de pigmento; el negro se debe a la dominancia de la eumelanina. El color general del pelaje proviene de: (1) el color de las bandas individuales, (2) el tamaño relativo de las bandas individuales, y (3) la distribución de los pelos que poseen diferentes patrones de bandeo.
El pelaje de la mayoría de los mamíferos comprende más de un tipo de pelo. Los pelos más conspicuos en la mayoría de los mamíferos son los pelos de guarda, que se ubican por fuera del pelaje y sirven para protegerlo. En ocasiones los pelos de guarda están modificados para formar espinas defensivas (como en los puercoespines, en los cuales las escamas cuticulares se alargan para formar púas que dificultan extraer las espinas clavadas), vibrisas (pelos largos y firmes que crecen continuamente, como los que forman la melena de un león), y un tipo de pelo que tiene crecimiento limitado y presenta un eje más angosto y débil con el extremo expandido. Por debajo de los pelos de guarda generalmente se encuentra una capa llamada felpa, formada por lana (pelos de crecimiento continuo), felpa (pelos relativamente cortos con crecimiento limitado) y/o vello (también llamado pelusa) También los embriones de los mamíferos (incluyendo a los humanos) están frecuentemente cubiertos por un pelaje, llamado lanugo, que es un tipo de vello.
Un tipo especialmente importante de pelos son las vibrisas o bigotes. Estos pelos son generalmente largos, rectos y rígidos. Sus bases están ricamente inervadas, y las vibrisas son muy sensibles al tacto. Proporcionan al animal información sobre su entorno inmediato. Generalmente las vibrisas están restringidas a ciertas partes del cuerpo y a menudo se hallan formando penachos o manojos. Conocemos bien los bigotes de la cara de un perro, pero quizás no tenemos en cuenta que las vibrisas pueden aparecer también en otras partes del cuerpo, por ejemplo, en el talón de las ardillas o en las ancas de algunos murciélagos que se refugian en grietas.
La mayor parte del pelo se pierde periódicamente en un proceso llamado muda. La muda puede ocurrir continuamente, de manera en todo momento hay reemplazo de unos pocos pelos, como en los humanos; pero es más común que la muda esté restringida a ciertas estaciones del año o ciertos momentos de la vida del animal, durante los cuales se reemplazan todos los pelos. Las mudas estacionales con frecuencia involucran cambios notables de color, como en el caso de muchas comadrejas o liebres nivales, que cambian de un patrón estival pardo (agutí) a un patrón invernal básicamente blanco. También son muy comunes las mudas que ocurren durante el desarrollo. La mayoría de las especies tienen un pelaje juvenil (por ejemplo, el lomo manchado de un cervatillo o el pelaje menos conspicuo de otras especies); muchas pasan también por un pelaje intermedio (subadulto) antes de alcanzar la forma adulta.

¿Cuál es la función del pelo? En los mamíferos modernos, el pelo sirve para aislar, como señal, para proteger y para percibir los alrededores más cercanos. El aislamiento sirve para conservar el calor, pero también, como en el caso de los animales desérticos diurnos tales como el camello, para proteger del calor excesivo. En la mayoría de las especies el color es probablemente críptico, semejante al fondo sobre el cual vive el animal. En algunos casos, como las llamativas rayas de las cebras o tigres, la coloración críptica sólo puede ser adecuadamente apreciada cuando se observa al animal contra su fondo natural. Muchos mamíferos son dorsalmente oscuros y más claros ventralmente, un patrón que se denomina contracoloración.  Esto resulta razonable en el caso de las especies acuáticas o arborícolas (los predadores que están más arriba ven un dorso oscuro, semejante a las oscuridad de las profundidades o el suelo del  bosque que se halla debajo, mientras que los predadores ubicados debajo ven el vientre claro, contra la luz que se filtra desde arriba). Su papel es menos claro en el caso de los numerosos roedores terrestres y nocturnos que tienen coloración de este tipo. El pelo también brinda, mediante su coloración, un medio para hacer señales a otros miembros de la misma especie (por ejemplo, la cola blanca del ciervo del mismo nombre, que los animales muestran al huir como señal de peligro) o miembros de otras especies (por ejemplo, el patrón contrastante de los zorrinos listados, una advertencia a los depredadores). El pelaje también sirve para proteger la piel de la abrasión y del exceso de radiación UV, y proporciona, mediante vibrisas especializadas, sentido del tacto, usado por ejemplo para localizar presas o conducirse en la oscuridad total.
No sabemos cuándo surgió el pelo, ya que generalmente no se conserva en los fósiles. Ciertas fosetas presentes en los rostros fosilizados de algunos terápsidos del Cretácico podrían ser indicadores indirectos de la presencia de vibrisas (McLoughlin, 1980); si así fuera, proporcionan la primera evidencia directa del pelo. El pequeño tamaño corporal (o sea, una alta relación superficie/volumen y por ende una propensión a la pérdida de calor) y la posible endotermia de los primeros mamíferos y sus ancestros inmediatos sugieren que no podrían haber existido sin una buena cobertura aislante. Por lo tanto, es probable que estos animales tuviesen pelo, y la mayor parte de las recostrucciones los muestran cubiertos de pelaje (por ejemplo, Savage y Long, 1986). Pero, ¿fue el aislamiento la función inicial del pelo, la razón por la cual evolucionó originalmente? El aislamiento es la más conspicua y quizás la más universal de las funciones del pelo en los mamíferos modernos, pero el pelo no sirve como aislamiento efectivo hasta que está bastante bien desarrollado formando un pelaje. Podría ser que los primeros pelos se hubieran desarrollado como excrecencias sensoriales entre las escamas de algún terápsido ancestral, y sólo más adelante adquirieran la función de aislamiento.

Bibliografía citada y otras referencias
DeBlase, A. F., and R. E. Martin. 1981. A manual of mammalogy. Second Edition. Wm. C. Brown, Publishers. Dubuque, Iowa. xii+436 pp.
Mayer, W. V. 1952. The hair of California mammals with keys to the dorsal guard hairs of California mammals. American Midland Naturalist, 48:480-512.
McLoughlin, J. C. 1980. Synapsida. Viking Press, N.Y. xii+148 pp.
Miles, W. B. 1965. Studies of the cuticular structure of the hairs of Kansas bats. Search, Univ. Kansas Publications, 5:48-50.
Pough, F. H., J. B. Heiser, and W. N. McFarland. 1989. Vertebrate Life. Third Edition. Macmillan Publishing Co., New York. xiv+904 pp.
Savage, R. J. G., and M. R. Long. 1986. Mammal Evolution, an Illustrated Guide. Facts on File Publications, New York. 259 pp.
Teerink, B. J. 1991. Hair of West-European Mammals. Cambridge Univ. Press, Cambridge. vii+224 pp.
Vaughan, T. A. 1986. Mammalogy. Third Edition. Harcourt Brace Jovanovich, Publishers, Orlando Fl. vii+576 pp.

Escrito por Phil Myers; última actualización 7/5/97.
Traducido por Cecilia Morgan, septiembre de 2004